Sherlock Holmes apareció en 1887. Arthur Conan Doyle lo presentó en Estudio en escarlata: un detective londinense que convirtió observación, lógica y conocimiento especializado en una forma completamente nueva de resolver misterios.
Su método tenía inspiración médica.
Conan Doyle estudió medicina y encontró inspiración en profesores capaces de deducir información sorprendente observando pequeños detalles de sus pacientes.
Holmes sobrevivió a los planes de su propio autor.
Conan Doyle intentó cerrar la historia del detective, pero la enorme demanda popular acabó devolviéndolo a nuevas aventuras.
Su silueta terminó siendo más grande que los libros.
Pipa, lupa, abrigo y gorra se convirtieron en iconografía universal, aunque distintas adaptaciones ayudaron a fijar elementos que no aparecen exactamente así en los textos originales.
La ciencia empezaba a entrar en la escena del crimen.
Holmes apareció en plena era victoriana, mientras medicina, química, fotografía e identificación criminal transformaban la investigación.
Explorar las épocas →Su atención al detalle y el uso de conocimientos científicos tenían paralelos reales. La velocidad y certeza casi absoluta de muchas deducciones son el mecanismo literario.