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Murallas de Jerusalén en 1187 con campamento, estandartes y documentos de rendición, inspirado en Saladino sin mostrar su rostro.

Saladino: el sultán que recuperó Jerusalén

Saladino —Salah al-Din Yusuf ibn Ayyub— (1137/38–1193) fue fundador de la dinastía ayubí y una de las figuras centrales de las Cruzadas. Construyó un poder que unió Egipto y Siria, derrotó al ejército del Reino de Jerusalén en Hattin y tomó Jerusalén en 1187, hecho que desencadenó la Tercera Cruzada.

Hattin cambió el equilibrio de poder en cuestión de semanas.

En julio de 1187 las fuerzas de Saladino derrotaron decisivamente al ejército cruzado cerca de los Cuernos de Hattin. La victoria dejó muchas fortalezas y ciudades del Reino de Jerusalén con muy poca capacidad de defensa.

Jerusalén se rindió tras una negociación.

La ciudad capituló en octubre de 1187 después de un breve asedio. Las condiciones de rendición permitieron a numerosos habitantes abandonar la ciudad mediante rescate, un desenlace diferente a la masacre que acompañó la conquista cruzada de 1099.

Su gran rival europeo fue Ricardo Corazón de León.

La caída de Jerusalén provocó la Tercera Cruzada. Saladino y Ricardo I de Inglaterra se enfrentaron militarmente, negociaron repetidamente y terminaron acordando en 1192 una paz que dejó Jerusalén bajo control musulmán pero permitió peregrinaciones cristianas.

Su reputación cruzó las fronteras religiosas.

Las fuentes musulmanas lo celebraron como líder político y religioso, mientras autores europeos posteriores también construyeron una imagen de adversario noble y caballeresco. Parte de esa reputación pertenece tanto a la historia como a la memoria creada después.

“Te advierto contra el derramamiento de sangre, porque la sangre nunca duerme.”

Saladino

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