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Recreación de Gladys West trabajando de espaldas con datos geodésicos de satélites en un laboratorio naval

Gladys West: la mujer que calculó dónde estás

Gladys West nació en Sutherland, Virginia, Estados Unidos, en 1930. Durante cuatro décadas como matemática de la Marina convirtió mediciones de satélites en un modelo extremadamente preciso de la forma de la Tierra, trabajo esencial para la exactitud del GPS. Murió en 2026, después de haber pasado gran parte de su vida sin recibir reconocimiento público.

Eligió las matemáticas como una vía para escapar del trabajo agrícola.
Creció en una familia de aparceros en la Virginia segregada, recogiendo cosechas y trabajando en una pequeña granja. Comprendió que la educación podía ofrecerle otra vida y terminó el instituto como la mejor estudiante de su promoción. Ese resultado le aseguró una beca para estudiar en Virginia State College, donde escogió matemáticas pese a ser una carrera especialmente difícil para una mujer negra de aquella época.

Fue una de las primeras mujeres negras contratadas en el centro naval de Dahlgren.
Comenzó a trabajar allí en 1956, cuando los cálculos científicos todavía se realizaban entre enormes ordenadores, tarjetas perforadas y largas hojas impresas. Además de enfrentarse a la segregación, trabajó en un entorno profesional dominado por hombres blancos. Allí conoció al matemático Ira West, compañero de trabajo y futuro marido, con quien compartió buena parte de su vida.

Ayudó a enseñarle a los ordenadores la forma real de la Tierra.
West procesó mediciones de satélites y desarrolló modelos matemáticos del geoide: la forma irregular del planeta condicionada por la gravedad, los océanos y las variaciones del terreno. También dirigió el procesamiento de datos del satélite oceanográfico Seasat. Aquellos cálculos permitieron estimar con mucha mayor precisión las órbitas y posiciones que posteriormente necesitaría el GPS.

Consiguió su doctorado con 70 años después de sufrir un ictus.
Tras retirarse en 1998 sufrió un accidente cerebrovascular que afectó a su movilidad, visión y audición. Durante la recuperación continuó trabajando hasta completar a distancia un doctorado en 2000. La ironía final es perfecta: aunque sus cálculos ayudaron a que millones de personas pudieran orientarse mediante satélite, ella siguió prefiriendo los mapas de papel porque le inspiraban más confianza.

«Siento que hice una aportación muy importante a la precisión del GPS»

GLADYS WEST

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