George de Mestral (1907–1990) fue un ingeniero eléctrico suizo. Después de observar unos cardos adheridos a su ropa y al pelo de su perro en 1941, dedicó años a reproducir sus pequeños ganchos y creó el cierre que acabaría conociéndose como velcro.
Su carrera como inventor comenzó cuando tenía doce años.
En 1919 diseñó un pequeño avión de juguete hecho con tela y obtuvo una patente para él. Más tarde estudió ingeniería en la Escuela Politécnica Federal de Lausana. El velcro no fue, por tanto, una ocurrencia aislada, sino el resultado de una curiosidad técnica cultivada desde niño. Fuente
El verdadero plano del invento estaba en el pelo de su perro.
Tras una salida al campo, examinó bajo el microscopio los frutos de bardana que se habían enganchado al animal y a sus pantalones. Descubrió que terminaban en diminutos ganchos capaces de sujetarse a los bucles de las fibras. Decidió fabricar artificialmente ese mecanismo natural. Fuente
Tardó casi veinte años en convertir la idea en un producto fiable.
Crear los bucles era relativamente sencillo; fabricar miles de ganchos uniformes resultó mucho más difícil. Después de numerosos rechazos encontró ayuda textil en Lyon, experimentó con nylon y desarrolló un corte inspirado en las máquinas de los barberos para abrir cada bucle con precisión. Fuente
La NASA no inventó el velcro, pero ayudó a hacerlo famoso.
El cierre ya estaba patentado antes de que los astronautas lo usaran para sujetar objetos en ausencia de gravedad. Las misiones espaciales le dieron una imagen futurista y aceleraron su aceptación en ropa, medicina y transporte. Su nombre combina las palabras francesas velours y crochet. Fuente
«Un dispositivo de fijación separable»
— Descripción documentada en la patente de George de Mestral

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