Jessica O. Matthews, inventora nigeriana-estadounidense nacida en 1988, coinventó durante sus estudios universitarios un balón capaz de almacenar la energía producida al jugar. Esa energía podía utilizarse después para alimentar una pequeña lámpara.
Un apagón familiar ayudó a encender la idea
Durante una celebración familiar en Nigeria observó cómo un corte eléctrico interrumpía el encuentro y obligaba a utilizar un generador contaminante. La experiencia reforzó su interés por crear una fuente de energía sencilla para comunidades con suministro inestable.
El invento nació como un trabajo universitario
Mientras estudiaba en Harvard desarrolló el concepto junto con su compañera Julia Silverman. El balón incorporaba un mecanismo interno que transformaba el movimiento producido durante el juego en energía almacenada para utilizarla más tarde.
Una hora de juego podía dar varias horas de luz
Las pruebas del balón mostraron que aproximadamente una hora de actividad podía alimentar una lámpara LED de ocho vatios durante unas tres horas. La propuesta relacionaba una actividad cotidiana con una necesidad básica: disponer de luz después del anochecer.
El balón fue el comienzo de una idea más amplia
Matthews continuó trabajando en sistemas que capturan energía generada por movimientos habituales y en infraestructuras pensadas para comunidades con acceso limitado. El balón se convirtió en la demostración más visible de que una tecnología energética también podía ser sencilla y cercana.
“No tienes que ser ingeniero para usarlo. Solo necesitas saber jugar al fútbol.”
Jessica O. Matthews
SIGUE EXPLORANDO
