John B. Goodenough, físico y científico de materiales estadounidense nacido en Alemania en 1922, dirigió en Oxford el equipo que identificó en 1980 el óxido de litio y cobalto como cátodo de alta energía. Aquel material fue decisivo para las baterías recargables que hicieron posibles los dispositivos portátiles modernos.
Antes de estudiar física predijo el tiempo para el ejército
Durante la Segunda Guerra Mundial sirvió como meteorólogo del Ejército de Estados Unidos. Después obtuvo el doctorado en Física en la Universidad de Chicago y, en 1952, inició una carrera científica que terminaría conectando computación, magnetismo y almacenamiento de energía.
Su primera revolución estuvo dentro de los ordenadores
Trabajó durante veinticuatro años en el laboratorio Lincoln del MIT. Allí investigó materiales magnéticos y contribuyó a sentar las bases de la memoria magnética de acceso aleatorio empleada por los primeros ordenadores, mucho antes de convertirse en una figura central de la investigación sobre baterías.
Un nuevo cátodo llevó la batería hasta los cuatro voltios
En Oxford, Goodenough y sus colaboradores Koichi Mizushima, Philip Jones y Philip Wiseman comprobaron que el óxido de litio y cobalto podía funcionar como cátodo. El material alcanzaba alrededor de cuatro voltios, aproximadamente el doble que el diseño anterior basado en sulfuro metálico, y almacenaba más energía.
Su hallazgo necesitó otra pieza para llegar al mercado
El cátodo de Goodenough no era todavía una batería comercial completa. Akira Yoshino lo combinó después con un ánodo de carbono más seguro y construyó en 1985 una batería de ion-litio viable. Ambos compartieron con M. Stanley Whittingham el Nobel de Química de 2019; Goodenough tenía 97 años, la mayor edad de un laureado hasta entonces.
“Diálogo, diálogo, diálogo: siempre es muy importante. Así aprendemos ambos.”
John B. Goodenough
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