Constantino I (c. 272–337) fue emperador romano y uno de los gobernantes más decisivos de la Antigüedad tardía. Tras décadas de guerras civiles se convirtió en único emperador en 324. Favoreció al cristianismo, convocó el Concilio de Nicea y transformó la antigua Bizancio en Constantinopla, inaugurada en 330 como una nueva capital imperial.
No convirtió el cristianismo en religión oficial del Imperio.
Constantino favoreció abiertamente al cristianismo y, junto con Licinio, respaldó en 313 una política de tolerancia religiosa asociada al llamado Edicto de Milán. La declaración del cristianismo niceno como religión oficial llegaría décadas después, bajo Teodosio I.
Fundó una capital que sobreviviría al Imperio romano de Occidente durante casi mil años.
Constantinopla fue inaugurada en 330 sobre la antigua Bizancio. Su posición entre Europa y Asia y entre el mar Negro y el Mediterráneo la convertiría en uno de los grandes centros políticos y comerciales del mundo medieval.
Su moneda de oro se convirtió en una referencia durante siglos.
Constantino consolidó el solidus, una moneda de oro estable que se mantuvo como pieza fundamental del sistema monetario romano y bizantino durante generaciones.
Fue bautizado cerca del final de su vida.
Aunque apoyó al cristianismo durante buena parte de su reinado, Constantino recibió el bautismo poco antes de morir en 337. Fue bautizado por Eusebio de Nicomedia, un obispo vinculado a las grandes disputas teológicas de la época.
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