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Imagen editorial histórica para Mr. Pakiki sobre Zhang Heng, astrónomo e inventor de la dinastía Han oriental. Escena cinematográfica y verosímil: erudito visto de espaldas, sin rostro reconocible, junto a un gran seismoscopio de bronce con dragones y sapos y una esfera celeste al fondo, taller o corte Han, luz cálida, paleta sobria, histórica, sin texto, sin rótulos, sin fantasía.

Zhang Heng: el inventor que quiso escuchar los terremotos

Zhang Heng (78–139) fue astrónomo, matemático, inventor, funcionario y escritor de la dinastía Han oriental. Trabajó con calendarios e instrumentos astronómicos y en 132 presentó un dispositivo destinado a detectar terremotos y señalar la dirección desde la que llegaban las sacudidas. Su combinación de ciencia, ingeniería y literatura lo convirtió en una de las figuras más singulares de la China Han.

Su aparato podía detectar un terremoto sin medir su magnitud.

El instrumento de 132 era un seismoscopio: indicaba que se había producido una sacudida y la dirección aproximada de procedencia. No registraba una gráfica ni medía la magnitud como un sismógrafo moderno.

Ocho dragones convertían el movimiento de la Tierra en una señal visible y audible.

Las descripciones históricas hablan de una gran vasija con ocho dragones orientados en distintas direcciones. Una bola podía caer desde la boca de un dragón hasta un sapo situado debajo, indicando la dirección del movimiento detectado.

El mecanismo original se perdió.

Sobrevive la descripción antigua del aparato, pero no el instrumento. Por eso los modelos que vemos hoy son reconstrucciones modernas y existen debates sobre la mecánica exacta que utilizó Zhang Heng en su interior.

También construyó instrumentos para representar el cielo.

Zhang Heng trabajó con una esfera celeste rotatoria y con astronomía de calendario. Su carrera mezclaba observación del cielo, matemáticas, ingeniería mecánica y escritura literaria, algo habitual en los grandes eruditos de la corte Han.

“El cielo es como un huevo de gallina; la Tierra, como su yema, en el centro.”

Zhang Heng

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